Modelo real vs maniquí invisible: ¿Qué es mejor para mis prendas?

Modelo real vs maniquí invisible: ¿Qué es mejor para mis prendas?

Si algo caracteriza a nuestra sociedad en la segunda década del siglo XXI es la diversidad de elecciones. Las opciones a las que cualquiera de nosotros tiene acceso en múltiples ámbitos son numerosas, pudiendo elegir aquella que más nos beneficia o nos interesa para alcanzar nuestros objetivos. El mundo del ecommerce no está excluido de este contexto, ya que es un sector en alza y a la cabeza de la innovación tecnológica, siendo varias las posibilidades que podemos escoger para mostrar nuestras prendas.

Pero cuando tenemos diversas opciones entre las que elegir pueden asaltarnos las dudas, ¿qué es mejor para lo que quiero conseguir? Excluyendo por el momento al maniquí virtual, en esta entrada nos centraremos en las otras dos opciones: el modelo real y el maniquí invisible o ghost mannequin. Ambas modalidades poseen ventajas e inconvenientes que detallaremos a continuación.

Modelo real: una persona con la que identificar las prendas

El uso de una persona de carne y hueso como modelo de los productos que deseamos vender destaca en dos aspectos esenciales: el realismo del acabado y el factor emocional intrínseco en la moda.

Usar un modelo real implica que el consumidor ve los productos expuestos en un formato casi idéntico a su propio cuerpo –salvando las distancias respecto a las tallas-, por lo que funciona como un probador online. A ello, se le suma que las prendas y complementos quedarán de una manera natural, con una caída, pliegues y demás detalles cercanos a los que percibirá el cliente al recibir el producto. Permite también usar multitud de poses, dotando a los objetos de dinamismo.

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Junto a lo anteriormente dicho, la modalidad real de modelo añade un punto clave como es el factor imitación o identificación, que a nivel psicológico implica un complejo entramado de emociones y deseos con la persona que nos muestra los productos. Una sonrisa, un cruce de piernas, una mirada seductora… todos estos detalles juegan con el cerebro del consumidor para inducirlo a clicar y realizar la compra.

Por otro lado, sus desventajas también hay que tenerlas en cuenta y es precisamente en la parte más psicológico-emotiva donde el modelo real puede jugar en nuestra contra, no transmitiendo correctamente la idea que queremos dar o no encajando con el target al que nos estamos dirigiendo, entre otros. El factor emocional es profundo e intenso pero también más difícil de predecir, distrayendo también la atención del propio producto. A esto se le añaden unos costes, en general, más elevados y una mayor dificultad para que el acabado visual de la prenda sea óptimo.

Maniquí invisible: el producto como centro

En el otro extremo del umbral nos encontramos con el maniquí invisible. Donde el modelo real absorbe la atención, el maniquí invisible deja todo el foco en el producto que viste, eliminando cualquier distracción sobre el consumidor. No sólo permite focalizar la atención, sino que permite destacar los elementos principales del producto, pudiéndose lograr un alto grado de detalle -incluso en fotografías de partes internas-.

Tampoco olvidemos una cosa. El ghost mannequin implica una característica muy relevante: reduce costes. Según con qué modelos reales trabajemos, las diferencias entre costes pueden ser bastante elevadas. Además, la versatilidad, velocidad y grado de ajuste que permite un maniquí invisible es difícil de superar, junto a la posibilidad, en alza y con mucho valor, de realizar una vista 360º, que otorga una sensación de realidad aumentada que incita al consumo. Su grado de ajuste es un punto clave si hablamos de productos especiales, como ropa técnica, donde el acabado es óptimo en maniquí invisible.1 (5)[10]

En contra de esta modalidad tenemos el hieratismo de las poses y su escasa variabilidad, la exactitud de volúmenes y formas que en ocasiones pueden no ceñirse a los de un cuerpo real y la total ausencia del factor emocional que otorga un modelo real, colocando todo el peso de la venta en el producto en sí.

¿Qué usar y cuándo?

Las dos modalidades de maniquí son útiles, aunque cada una se adapta a un objetivo diferente.

El modelo real tiene mayor relevancia cuando la marca o cliente desea un enfoque más fashion  o emocional, donde se busque un escaparate visual más variado en el que se quiera destacar el factor “imitación o identificación” del consumidor con el modelo que visualiza, aportando a través del modelo escogido una serie de mensajes de marca.

El maniquí invisible permite, por encima de todo, una mayor producción de producto siguiendo una homogeneidad idónea para un escaparate online ordenado y visualmente atractivo, que pone todo el protagonismo en la prenda misma, sin distracciones. A esto se suma el acabado óptimo que se puede conseguir, presentando cada producto de la mejor forma posible, mostrando cada detalle y recoveco.

La combinación de ambas (vistas generales con modelo real y vistas detalle con maniquí invisible) puede suplir las faltas de cada modalidad aunque todo depende de los costes que cada cliente quiera asumir y del objetivo al que se desee llegar, tanto en calidad final como en producción.